Friday, January 27, 2006

DEMOCRACIA EN MEXICO

DEMOCRACIA EM MEXICO


Con su sistema político realmente existente un tanto escorado, cargado de lastre retórico y reglamentario, así como de simulación poco embozada por parte de sus actores principales, la República se prepara para renovar los mandos en el Estado y en sus órganos colegiados representativos. En este juego no hay mirones, aunque sí puede haber ladrones.
Sin embargo, lo que predomina hoy son jugadores de varias categorías, que rebasan el régimen de partidos y en su avidez ponen de manifiesto la necesidad de que dicho régimen sea reformado. Para muchos de estos actores, incluidos dirigentes y abanderados de algunos partidos, la abstención ha adquirido un valor estratégico, y es por eso que muchos de los se sienten designados para mandar sin encarar las pruebas del debate, la busca del voto y del riesgo en la proposición y la alianza genuina, depositan sus esperanzas en el alejamiento ciudadano de las urnas y del sistema político en su conjunto, es decir, juegan abierta o embozadamente a la antipolítica.
La insistencia en el peso del "voto duro" traiciona a sus pregoneros, así se vistan de analistas de fuste, y los intentos del gobierno por revivir las peores prácticas del viejo régimen revelan cuánto de ilusión y autoengaño acompañó al gobierno del cambio, a sus votos útiles y a sus oficiantes de la tradición y la jerarquía. Hacía mucho que no teníamos tanto desorden en la desbandada de los hombres y mujeres del aparato dirigente que se aprestan a cabalgar la renovación de los poderes, y tal vez nunca habíamos asistido al bochorno que provocó la operación de relevo en sus mandos, protagonizada por los habitantes de Los Pinos. Las "fallas" del gobierno que tanto preocuparon a los neoliberales de antaño, se vuelven ahora lacras que nos lega el más desenfadado y desaliñado de los gobiernos que el Estado de la posrevolución soñó tener.
Como quiera que haya sido la ruta subterránea de la tregua, los aspirantes arrancan prácticamente como los había dejado la precampaña. López Obrador encabezando preferencias y calificaciones políticas, Calderón todavía en ligero ascenso, y Madrazo un tanto estancado pero no desbarrancado. Los tres en condiciones de quedarse con los no comprometidos de antemano, como lo manda la democracia y la buena demoscopía. Ahí no está el problema y el sistema marcha en tiempo y forma.
De que se cuenta con instituciones para sortear bien la primera real prueba de la democracia pluralista mexicana, podemos estar seguros. De que los hombres y mujeres encargados de su administración vayan a estar a la altura y las potencialidades de esas instituciones, no se puede estar tan cierto. La institución "hace" al hombre, dicen los creyentes, pero son los hombres y sus intenciones y sentimientos, cálculos e idas a misa, los que dan sentido y contenido a las convenciones y las vuelven costumbre. Y costumbre democrática no tenemos.


Para llenar esta brecha y arribar al 3 de julio más o menos a salvo, habrá que hacer mucho más que lo que han podido hacer los responsables directos del teatro de la lucha por el poder. Para empezar, tomar en serio que es de eso de lo que se trata, de una lucha abierta por el poder y la distribución de la riqueza que lo acompaña, más que de una rutina alojada cómodamente en leyes, códigos e instituciones jurídicas que no se han vuelto reflejo político profundo sino, en todo caso, linimento, cuando no placebo, para una sociedad con el cuerpo demasiado rasgado y agredido.

No hay correspondencia entre la fisiología de nuestra sociedad y el discurso de sus políticos. Abajo hay desigualdad y pobreza, impaciencia acumulada a la vez que capacidades reales para generar expectativas de mejora. Arriba, donde se comunican las elites del poder con sus oficiantes en los partidos y los gobiernos, hay renuencia a asumir la desigualdad como el cáncer mayor de la vida colectiva y de la propia estabilidad del Estado. Peor aún, en las cúpulas hay ignorancia y necedad, que muchos buscan convertir en agenda política, miedo a lo que puede venir con el cambio de gobierno, y febril búsqueda de eslogans y simplezas con qué encarar la incertidumbre.
Fracasada la cruzada contra el populismo y sus demonios, se importan esquemas ramplones y se pretende nacionalizarlos mediante su circulación por la Internet. Con curioso sentido de pertenencia, se compra sin mayor reflexión todo aquello que alimente el temor y se exploran lamentables fórmulas y analogías.
Se ha hablado del huevo de la serpiente con mala memoria cinematográfica, se busca introducir el delicado tema del antisemitismo y ahora, con entusiasmo digno de mejor causa, se distribuye la más reciente ocurrencia sobre Chávez, publicada en Foreign Policy.
En Hugo Boss, esta prestigiada revista ofrece un manual sobre el "autoritarismo competitivo" de Hugo Chávez y al final nos regala con las "reglas para el aspirante a dictador" moderno, que según su autor encarnaría Hugo Chávez, pero no sólo él. Sin mayor consideración por el contexto y la historia venezolana, ni por lo que aquí o en Bolivia realmente ocurre, el ensayo de marras se ha convertido en México en el más reciente breviario para las jaculatorias contra AMLO.
López Obrador tiene frente a sí un amplio abanico de adversarios, observadores escépticos y desconfiados, enemigos poderosos y sin escrúpulos. Dependerá sobre todo de su perspicacia y visión políticas que éstos no se conviertan en un bloque monolítico. De ocurrir esto, el país tendrá que enfrentar no sólo sus conocidas debilidades como comunidad política democrática, sino el uso y abuso del miedo y la mentira como armas políticas principales. Entonces sí que habría que volver a hablar de desestabilización.

¿Para qué sirve la democracia? La democracia es un proceso en perfección. La democracia como sistema se compone de varios factores: salud en sus instituciones, equilibrio de poderes en función, transparencia en las acciones de los funcionarios públicos, entre mucho otros. Sin embargo, en México uno de los obstáculos a la democracia es la creciente desigualdad que ha enfrentado México en sus ultimas dos décadas, la poca visión de sus funcionarios públicos y un corporativismo que sigue aún vigente. Dicho de otro modo, a pesar de la alternancia de poderes que hubo en México hace casi cuatro años, la democracia no ha alcanzado niveles de calidad.


La democracia --la auténtica, la verdadera, la que no tiene disfraces-- ha sido y seguirá siendo el ideal por el que ha luchado el pueblo mexicano desde que obtuvo su independencia. No quieren los mexicanos ni dictaduras militares ni dictaduras de partido; ni oligarquías ni socialismos autoritarios o formas más o menos larvadas de totalitarismo. Quieren una sana, genuina y firme democracia. Una democracia que puede tener defectos, como toda institución humana, pero que es siempre perfectible, mientras no se le pongan obstáculos.
¿Cómo lograr esta democracia en México? Hay que rechazar, ante todo, los caminos violentos para obtenerla. La violencia engendra violencia y no llega a ningún resultado positivo. Los métodos violentos podrán ser útiles e incluso necesarios para obtener un resultado inmediato en situaciones desesperadas, pero no para lograr efectos permanentes y valiosos. Las cosas que valen se van obteniendo por una evolución lenta y bien dirigida, mediante la creación de hábitos y la adquisición de virtudes, por el esfuerzo continuado para llegar a las metas superiores.
La democracia, como ya lo hemos visto, no es nada más una forma de gobierno, sino un estilo de vida. Una forma de vivir y comportarse a la que sólo se llega por un proceso de maduración y autoconciencia. Implica un gran sentido de responsabilidad y una decisión, constantemente renovada, de sacrificarse por el bien común. Y con ello un gran valor para defender --aun con la vida misma-- la libertad y la justicia. Supone una actitud de crítica y de inconformidad y una permanente lucha por el derecho, pero sin violencias ni excesos. Lo que importa es la constancia. No quitar el dedo del renglón cuando se trata de salvaguardar los derechos del pueblo, como lo hizo Gandhi en la India.

Por estas razones, la democracia es un ideal difícil de alcanzar. Pero no una utopía imposible. Si hay decisión firme de lograrlo y se aprovechan al máximo los recursos humanos --de la mente, de la voluntad, del afecto, del esfuerzo cotidiano en el trabajo--, puede muy bien realizarse. Hay que partir de una base innegable: la educación de la población del país para que llegue a ser un auténtico pueblo. No un rebaño de borregos, no un conglomerado de esclavos, no una masa amorfa sin capacidad de determinación y decisión, sino un grupo de hombres libres, conscientes y responsables. Iluminados, alertas y decididos. Ya lo había sostenido Platón en su gran diálogo de La República (Politeia): para llegar a un óptimo régimen político hay que educar a los ciudadanos. Sin educación, los hombres y mujeres de un país no pasan de ser eternos niños, sujetos siempre a los mandatos despóticos de los gobernantes.

El mundo actual vive una reconformación social, económica y política casi telúrica.Las reglas del juego en las relaciones internacionales han cambiado vertiginosamente, el tablero geopolítico ha sido violentamente transformado; los fundamentalismos se arraigan en ciertas regiones y ahora se habla de fronteras entre civilizaciones[1], más que de fronteras tradicionalmente concebidas en mucho tiempo.México se encuentra inserto en dicha dinámica global, se transforma para el exterior principalmente como socio de Estados Unidos y Canadá; así mismo se halla el proceso de transición política hacia una democracia más plena, no solamente en términos electorales, sino que se busca una democracia totalmente acabada.Así pues, nos preguntaríamos:- ¿Qué necesitamos los mexicanos para desarrollar esa democracia política?, -¿Es suficiente con la cultura prevaleciente o es necesario desarrollar una diferente?,de ser así, -¿Qué tipo de cultura se requiere para lograrlo, cuales elementos de nuestra tradición cultural rescataríamos, cuales desecharíamos y qué elementos nuevos se agregarían? Y por último:- ¿Estarán las elites políticas y económicas dispuestas a ello?